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Cómo gestionar la frustración

by Marketing / martes, 08 septiembre 2026 / Published in Sin categoría
cómo gestionar la frustración guía paso a paso

 

¿Te has preguntado alguna vez cómo gestionar la frustración cuando has hecho todo lo que estaba en tu mano y, aun así, las cosas no han salido como esperabas? Quizá has estudiado mucho y no has conseguido la nota que querías, has trabajado duro y no has recibido el reconocimiento que esperabas o has intentado solucionar un problema que parece no tener salida.

En esos momentos puede aparecer una sensación muy desagradable: enfado, impotencia, tristeza, nerviosismo o incluso ganas de abandonar. La frustración forma parte de la vida. No podemos evitar todas las situaciones que nos decepcionan, pero sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con ellas. Y aquí está la parte importante: gestionar la frustración no significa conseguir que nada nos moleste. Significa aprender a reconocer lo que sentimos, entender por qué nos afecta y responder de una manera que nos ayude en lugar de empeorar la situación. En este artículo vamos a ver qué es la frustración, por qué aparece, qué relación tiene con la ansiedad y la autoestima y, sobre todo, cómo gestionar la frustración en el día a día con estrategias concretas.

Table of Contents

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  • ¿Qué es la frustración?
  • ¿Por qué nos frustramos?
  • Tolerancia a la frustración: ¿qué significa?
  • ¿Cómo gestionar la frustración?
  • ¿Cómo gestionar las emociones cuando aparece frustración?
  • Frustración y ansiedad: ¿qué relación tienen?
  • Frustración y autoestima: ¿cómo se relacionan?
  • ¿Cómo superar la frustración?
  • ¿Cuáles son 5 consejos para manejar la frustración?
  • ¿Qué puedo hacer si me siento muy frustrado?
  • ¿Cómo eliminar el sentimiento de la frustración?
  • ¿Cuál es la raíz de la frustración?
  • Aprender a tolerar la frustración
  • Un ejercicio práctico para gestionar la frustración
  • ¿Cuándo debería pedir ayuda psicológica?
  • Opinión de un paciente satisfecho
  • Preguntas frecuentes sobre cómo gestionar la frustración
  • Gestionar la frustración no significa que todo te dé igual
  • Da el primer paso hacia una mejor gestión emocional

¿Qué es la frustración?

La frustración es la respuesta emocional que aparece cuando existe una diferencia entre lo que queremos o esperamos y lo que finalmente sucede. Por ejemplo:

  • Esperabas conseguir un trabajo y te rechazan.
  • Querías que una persona actuara de determinada manera y no lo hace.
  • Tenías un objetivo y no consigues alcanzarlo.
  • Has intentado cambiar algo varias veces y sigues sin obtener resultados.
  • Esperabas que un proyecto saliera bien y aparecen problemas.
  • Quieres controlar una situación que, en realidad, depende también de otras personas o circunstancias.

La frustración puede manifestarse de diferentes maneras. Algunas personas reaccionan con enfado. Otras se ponen tristes, se bloquean, se preocupan o empiezan a pensar que no son capaces. Por eso, cuando hablamos de frustración no hablamos únicamente de “estar enfadado”. La emoción puede ser diferente según la persona y la situación. Además, la frustración no es necesariamente algo negativo. Puede indicarnos que existe un obstáculo entre nosotros y aquello que queremos conseguir. Esa información puede ayudarnos a buscar alternativas, modificar expectativas o plantearnos un objetivo diferente. El problema aparece cuando la respuesta ante la frustración es demasiado intensa, frecuente o difícil de controlar.

¿Por qué nos frustramos?

La frustración suele aparecer cuando nuestras expectativas chocan con la realidad. Esto no significa que tener expectativas sea malo. Todos necesitamos objetivos y deseos para orientar nuestra conducta. El problema puede surgir cuando interpretamos que las cosas tienen que suceder exactamente como esperamos. Por ejemplo: “Si trabajo mucho, necesariamente me tienen que reconocer”. “Si soy una buena persona, los demás deberían comportarse bien conmigo”. “Si estudio, tengo que aprobar”. “Si hago las cosas correctamente, no debería equivocarme”. “Si quiero algo mucho, debería conseguirlo”. Cuando la realidad contradice estas expectativas, puede aparecer una sensación intensa de injusticia, impotencia o fracaso. En muchas ocasiones, la dificultad no está solamente en lo que ha ocurrido, sino también en cómo interpretamos lo ocurrido.

Dos personas pueden enfrentarse a una situación parecida y reaccionar de maneras completamente diferentes. Una puede pensar: “Esto no ha salido bien. Estoy decepcionado, pero puedo analizar qué ha pasado y decidir qué hacer ahora”. Otra puede pensar: “Siempre me pasa lo mismo. No soy capaz de conseguir nada. No tiene sentido seguir intentándolo”. El acontecimiento es parecido, pero la interpretación y la respuesta emocional son diferentes. Por eso, aprender cómo controlar la frustración no consiste en controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Consiste, en buena medida, en aprender a identificar qué podemos hacer con nuestra respuesta ante aquello que no podemos cambiar.

Tolerancia a la frustración: ¿qué significa?

La tolerancia a la frustración es la capacidad para afrontar situaciones en las que nuestras necesidades, deseos u objetivos no se cumplen como esperábamos sin reaccionar de una manera desproporcionada o abandonar inmediatamente. Tener una buena tolerancia a la frustración no significa que una persona nunca se enfade, nunca se decepcione o nunca se sienta triste. Significa que puede experimentar esas emociones y continuar actuando de una manera razonablemente eficaz. Esto es especialmente importante porque no siempre podemos solucionar aquello que nos genera malestar. Hay situaciones en las que podemos cambiar nuestra conducta. Pero también hay situaciones en las que necesitamos aceptar que algo no depende de nosotros. Aprender a distinguir entre ambas cosas es una parte fundamental de la gestión emocional.

¿Cómo gestionar la frustración?

Gestionar la frustración empieza por cambiar una idea: no necesitas eliminar la emoción para poder manejarla. Cuando intentamos no sentir algo a toda costa, podemos acabar luchando contra la propia emoción. Una alternativa más útil consiste en reconocerla y preguntarnos qué necesitamos hacer a continuación. Estas son algunas estrategias que pueden ayudarte.

1. Identifica qué estás sintiendo

Antes de intentar solucionar la situación, detente unos segundos y pon nombre a lo que está ocurriendo. ¿Estás enfadado? ¿Decepcionado? ¿Triste? ¿Impotente? ¿Ansioso? ¿Tienes miedo de volver a fracasar? Poner nombre a la experiencia emocional puede ayudarte a observarla con mayor claridad. No es lo mismo pensar: “Estoy fatal”. que decir: “Estoy frustrado porque esperaba conseguir este resultado y no lo he conseguido”. La segunda formulación aporta información. Y esa información permite empezar a trabajar sobre el problema.

2. Separa los hechos de tus interpretaciones

Una de las técnicas para gestionar la frustración más útiles consiste en diferenciar lo que ha ocurrido de lo que estás pensando sobre ello. Por ejemplo: Hecho: no he conseguido el puesto de trabajo. Interpretación: nunca voy a conseguir un trabajo. Hecho: una persona ha rechazado mi propuesta. Interpretación: nadie valora lo que hago. Hecho: he cometido un error. Interpretación: soy un desastre. Los hechos pueden ser desagradables, pero las interpretaciones pueden aumentar todavía más el sufrimiento. Esto no significa que debamos pensar siempre de forma positiva. Significa intentar pensar de una forma más precisa.

3. Pregúntate qué depende de ti

Esta pregunta puede parecer sencilla, pero resulta muy útil: “¿Qué parte de esta situación puedo controlar?” Quizá no puedas controlar que alguien cambie de opinión. No puedes controlar que un examen sea difícil. No puedes controlar determinadas decisiones de otras personas. No puedes controlar que algo salga exactamente como habías previsto. Pero sí puedes controlar, en cierta medida, qué haces a continuación. Puedes pedir ayuda. Puedes prepararte mejor. Puedes descansar. Puedes cambiar de estrategia. Puedes comunicar cómo te sientes. Puedes aceptar una situación. Puedes establecer un límite. Cuando dirigimos toda nuestra energía hacia aquello que no controlamos, la frustración puede aumentar. Cuando identificamos nuestro margen de actuación, aparece una posibilidad de cambio.

4. Reduce la intensidad antes de tomar decisiones

Cuando estamos muy frustrados, es habitual querer actuar inmediatamente. Mandar ese mensaje. Discutir. Abandonarlo todo. Tomar una decisión impulsiva. Sin embargo, cuando la intensidad emocional es elevada, puede resultar más difícil valorar las consecuencias de nuestras acciones. Por eso, una buena estrategia puede ser introducir una pausa. Respira. Aléjate unos minutos de la situación si puedes. Camina. Escribe lo que estás pensando. Habla con alguien de confianza. Y vuelve al problema cuando la intensidad haya disminuido. No se trata de escapar del problema, sino de evitar que la emoción decida por ti.

5. Cambia el “tiene que” por “me gustaría”

Una de las fuentes habituales de frustración son las expectativas rígidas. “Esto tiene que salir bien”. “Mi pareja debería entenderme”. “Mi jefe debería reconocer mi esfuerzo”. “Yo debería poder con todo”. Cambiar estas expresiones por otras más flexibles puede ayudarte: “Me gustaría que saliera bien”. “Preferiría que mi pareja me entendiera”. “Me gustaría que reconocieran mi esfuerzo”. “Quiero poder con esto, pero quizá necesite ayuda”. La diferencia puede parecer pequeña, pero introduce una idea importante: desear algo no significa que tengamos garantizado conseguirlo.

6. Aprende del error sin convertirlo en una sentencia sobre ti

La frustración puede aumentar cuando interpretamos un error como una definición de nuestra identidad. “He suspendido” se convierte en “soy un fracaso”. “He cometido un error” se transforma en “no sirvo para esto”. “No me han elegido” termina siendo “no valgo”. Una respuesta más útil es analizar qué información aporta el error. ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué puedo aprender? ¿Qué podría hacer diferente? ¿Qué está fuera de mi control? La finalidad no es justificar el error, sino utilizarlo como información.

¿Cómo gestionar las emociones cuando aparece frustración?

La gestión de las emociones no consiste en controlar cada emoción que aparece. Las emociones cumplen funciones y aportan información sobre lo que estamos viviendo. La frustración puede indicarnos que existe una dificultad, un obstáculo o una expectativa que no se ha cumplido. La clave está en aprender a responder a esa información. Una secuencia sencilla puede ser: Detectar → comprender → regular → actuar. Primero detectas la emoción. Después intentas comprender qué la ha provocado. A continuación utilizas recursos de regulación emocional para reducir su intensidad si es necesario. Finalmente decides qué acción es más adecuada. Esta secuencia evita dos extremos frecuentes:

  • actuar impulsivamente bajo la emoción;
  • intentar ignorar la emoción como si no existiera.

Frustración y ansiedad: ¿qué relación tienen?

La frustración y ansiedad pueden aparecer juntas, especialmente cuando una persona siente que no consigue controlar una situación. Por ejemplo, alguien puede intentar repetidamente resolver un problema y, al no conseguirlo, comenzar a anticipar consecuencias negativas. “¿Y si todo sale mal?” “¿Y si no soy capaz?” “¿Y si vuelve a pasar?” La frustración se mezcla entonces con preocupación y anticipación. Esto puede crear un círculo: expectativa → obstáculo → frustración → preocupación → más tensión → menor capacidad para afrontar el problema → más frustración. Por eso es importante no centrarse únicamente en eliminar la frustración. También conviene observar si existe una preocupación excesiva, dificultades para desconectar, problemas de sueño, tensión constante u otros síntomas de ansiedad. Si el malestar es intenso o está interfiriendo de forma importante en la vida cotidiana, puede ser recomendable consultar con un profesional.

Frustración y autoestima: ¿cómo se relacionan?

La relación entre frustración y autoestima también puede ser importante. Cuando nuestra valoración personal depende demasiado de conseguir resultados, un fracaso puede sentirse como una amenaza a nuestra identidad. Por ejemplo: “Si consigo este objetivo, significa que soy capaz”. “Si no lo consigo, significa que no valgo”. El problema es que convierte cada resultado en una especie de examen personal. Una persona puede tener muchas capacidades y, aun así, fracasar en determinados objetivos. Puede cometer errores. Puede ser rechazada. Puede equivocarse al tomar una decisión. Nada de esto permite definir por completo quién es. Una autoestima más flexible permite reconocer: “He hecho algo mal” sin concluir “soy malo”. “He fracasado en esto” sin concluir “soy un fracaso”. “No me han elegido” sin concluir “no tengo valor”.

¿Cómo superar la frustración?

En realidad, cómo superar la frustración no debería plantearse como conseguir que nunca vuelva a aparecer. La frustración seguirá formando parte de la vida. Lo que podemos intentar es aumentar nuestra capacidad para afrontarla. Para ello, resulta útil trabajar tres aspectos:

Aceptar lo que no puedes cambiar

Aceptar no significa estar de acuerdo. Tampoco significa que te guste lo ocurrido. Significa reconocer que ha sucedido y que luchar mentalmente contra un hecho que ya no puedes modificar no lo cambia.

Modificar lo que sí puedes cambiar

Si existe una acción que puede mejorar la situación, identifica cuál es. Quizá necesites cambiar de estrategia. Pedir ayuda. Practicar una habilidad. Establecer un límite. Organizarte de otra manera. O volver a intentarlo.

Ajustar las expectativas

A veces el problema no es querer algo, sino exigirnos que suceda exactamente como lo habíamos imaginado. Ser flexible no significa renunciar a los objetivos. Significa estar preparado para modificar el camino.

¿Cuáles son 5 consejos para manejar la frustración?

Si necesitas recordar solo cinco ideas, puedes utilizar estas: 1. Pon nombre a la emoción. Identifica si estás enfadado, triste, decepcionado, preocupado o impotente. 2. Distingue lo que depende de ti de lo que no. Invierte tu energía en aquello sobre lo que tienes capacidad de actuación. 3. Evita reaccionar en el momento de mayor intensidad. Introduce una pausa antes de discutir, abandonar o tomar decisiones importantes. 4. Revisa tus pensamientos. Pregúntate si estás interpretando un problema concreto como una prueba de que todo irá mal. 5. Busca una respuesta útil. Una vez que la emoción haya bajado de intensidad, pregúntate: “¿Qué puedo hacer ahora?”.

¿Qué puedo hacer si me siento muy frustrado?

Si te sientes muy frustrado en este momento, no necesitas solucionar toda tu vida de una vez. Empieza por reducir el problema a los próximos minutos. Puedes probar esta secuencia: Primero: aléjate unos minutos de aquello que está generando la frustración, si es posible. Después: identifica qué emoción estás sintiendo. A continuación: respira de forma lenta y deja que la intensidad disminuya. Después: escribe qué ha ocurrido realmente y qué estás interpretando. Finalmente: identifica una única acción que pueda ayudarte. No necesitas tener una solución perfecta. Necesitas encontrar el siguiente paso razonable. Si la frustración es tan intensa que te lleva con frecuencia a perder el control, discutir, abandonar objetivos, aislarte o sentir un malestar difícil de manejar, merece la pena prestar atención a lo que está ocurriendo.

¿Cómo eliminar el sentimiento de la frustración?

No siempre es posible eliminar la frustración, y tratar de hacerlo puede generar todavía más lucha interna. Una emoción no funciona como un interruptor que podemos apagar voluntariamente. El objetivo suele ser diferente: comprenderla, regular su intensidad y responder de una manera más adaptativa. Piensa en la frustración como una señal. Puedes escucharla sin dejar que tome el control. A veces la señal indica: “Esto es importante para mí”. Otras veces: “Estoy intentando controlar algo que no depende de mí”. También puede indicar: “Necesito cambiar mi estrategia”. Aprender a escuchar esas señales es mucho más útil que intentar no sentirlas.

¿Cuál es la raíz de la frustración?

No existe una única raíz de la frustración. Puede aparecer por un obstáculo real, por expectativas demasiado rígidas, por una dificultad para aceptar la incertidumbre, por objetivos poco realistas o por la interpretación que hacemos de un acontecimiento. También pueden influir nuestras experiencias anteriores y la forma en la que hemos aprendido a afrontar los errores, los límites y las decepciones. Por eso, si una persona experimenta frustración de forma muy intensa o repetida, es útil preguntarse: “¿Qué significa para mí que esto no haya salido como esperaba?” La respuesta puede aportar mucha información. Quizá el problema no sea únicamente el resultado. Quizá ese resultado active pensamientos relacionados con el fracaso, el rechazo, la necesidad de control o la sensación de no ser suficiente.

Aprender a tolerar la frustración

Aprender a tolerar la frustración es un proceso. No se consigue de un día para otro y tampoco consiste en obligarnos a soportar situaciones desagradables sin límite. Se trata de aumentar progresivamente nuestra capacidad para permanecer ante una dificultad sin reaccionar automáticamente. Una forma de hacerlo es practicar con situaciones cotidianas. Si algo no sale exactamente como querías, observa tu reacción. Pregúntate: ¿Qué siento? ¿Qué estoy pensando? ¿Qué esperaba? ¿Qué depende de mí? ¿Qué no depende de mí? ¿Qué respuesta me ayudaría realmente? Con la práctica, puedes empezar a detectar antes los patrones que aumentan tu frustración.

Un ejercicio práctico para gestionar la frustración

La próxima vez que aparezca una situación frustrante, prueba a utilizar esta plantilla: Situación: ¿Qué ha ocurrido? Expectativa: ¿Qué esperaba que ocurriera? Emoción: ¿Qué estoy sintiendo? Pensamiento: ¿Qué me estoy diciendo? Control: ¿Qué depende de mí? Acción: ¿Qué puedo hacer ahora? Aceptación: ¿Qué parte de la situación tengo que aceptar porque no depende de mí? Este ejercicio no pretende eliminar automáticamente el malestar. Su objetivo es ayudarte a pasar de una reacción automática a una respuesta más consciente.

¿Cuándo debería pedir ayuda psicológica?

Sentirse frustrado ocasionalmente es normal. Sin embargo, puede ser conveniente buscar ayuda profesional cuando la dificultad para manejar la frustración empieza a interferir significativamente en diferentes áreas de la vida. Por ejemplo, cuando:

  • reaccionas con mucha intensidad ante situaciones relativamente pequeñas;
  • tienes discusiones frecuentes por no conseguir lo que quieres;
  • abandonas objetivos rápidamente ante las primeras dificultades;
  • la frustración se relaciona con ansiedad intensa;
  • los errores afectan mucho a tu autoestima;
  • te cuesta aceptar que algunas cosas no dependen de ti;
  • llevas tiempo sintiéndote desbordado;
  • el malestar afecta a tus relaciones, trabajo, estudios o descanso.

Pedir ayuda no significa que no sepas gestionar tus emociones. Puede significar que quieres comprender mejor qué está ocurriendo y aprender nuevas herramientas. En El Viso Psicólogos, el trabajo terapéutico parte de una evaluación individualizada para establecer objetivos y decidir el camino más adecuado, con un enfoque cercano y técnicas basadas en la evidencia científica.

Opinión de un paciente satisfecho

“Durante mucho tiempo me frustraba muchísimo cuando las cosas no salían como esperaba. Sentía que cualquier error significaba que había fracasado y me costaba mucho gestionar el enfado y la impotencia. Trabajar estos aspectos en terapia con Víctor me ayudó a entender mejor lo que estaba sintiendo y, sobre todo, a reaccionar de una forma diferente. Ahora sigo teniendo momentos de frustración, pero siento que tengo más herramientas para afrontarlos y no dejar que una situación puntual termine afectando a todo mi día.”
terapia en príncipe de vergara Madrid

Preguntas frecuentes sobre cómo gestionar la frustración

¿Es normal sentirse frustrado?

Sí. La frustración es una experiencia emocional habitual cuando las cosas no salen como esperábamos o encontramos obstáculos para alcanzar un objetivo. Sentir frustración no significa que exista necesariamente un problema psicológico. La cuestión importante es cómo respondemos a ella y cuánto interfiere en nuestra vida.

¿La frustración puede provocar ansiedad?

La frustración y la ansiedad pueden relacionarse. Cuando una persona percibe que no puede resolver una situación o anticipa consecuencias negativas, la preocupación puede aumentar. Si la ansiedad se mantiene o interfiere significativamente en el día a día, conviene valorar qué está ocurriendo.

¿Cómo controlar la frustración sin reprimir las emociones?

Una alternativa a reprimir la emoción es reconocerla, comprender qué la ha provocado, regular su intensidad y decidir cómo actuar. No necesitas convencerte de que “no pasa nada”. Puedes reconocer que algo te ha molestado y, al mismo tiempo, elegir una respuesta que no empeore la situación.

¿Por qué me frustro tan fácilmente?

Puede haber diferentes motivos. Algunas personas tienen expectativas muy rígidas, otras tienen dificultades para tolerar la incertidumbre o los errores y otras han aprendido a reaccionar de manera muy intensa ante los obstáculos. Para comprenderlo es necesario observar qué situaciones desencadenan la frustración y qué pensamientos aparecen en esos momentos.

¿Se puede aprender a tolerar mejor la frustración?

Sí. La tolerancia a la frustración puede trabajarse mediante el reconocimiento emocional, la flexibilidad cognitiva, la regulación emocional y el aprendizaje de nuevas formas de afrontar los obstáculos.

¿Qué hago si la frustración me hace abandonar todo?

Antes de abandonar, intenta diferenciar entre una decisión meditada y una reacción provocada por la intensidad emocional. Puedes darte un tiempo, reducir el objetivo a un paso más pequeño y analizar qué ha fallado. Abandonar algo puede ser una decisión válida. La cuestión es que sea una decisión consciente y no una respuesta automática ante el malestar.

¿La frustración afecta a la autoestima?

Puede hacerlo, especialmente cuando una persona interpreta los errores o los resultados negativos como una prueba de su propio valor. Aprender a diferenciar entre “he tenido un mal resultado” y “soy una persona incapaz” puede ayudar a desarrollar una valoración personal más flexible.

¿Cuánto tiempo tarda en mejorar la tolerancia a la frustración?

No existe un plazo universal. Depende de la persona, de las situaciones que generan frustración, de la intensidad del problema y de las estrategias que se estén utilizando. Lo importante es observar cambios progresivos en la forma de afrontar las dificultades.

Gestionar la frustración no significa que todo te dé igual

Quizá este sea el punto más importante de todo el artículo. Gestionar la frustración no significa convertirte en una persona indiferente. Puedes seguir queriendo conseguir tus objetivos, puedes seguir enfadándote cuando alguien te trata mal, y puedes seguir decepcionándote cuando algo no sale bien.

Puedes seguir intentando mejorar. La diferencia está en no permitir que una emoción momentánea decida por completo lo que haces. La frustración puede convertirse en una oportunidad para conocerte mejor. Puede ayudarte a descubrir qué expectativas tienes, qué necesitas, qué límites tienes y qué aspectos de una situación puedes modificar. Y, sobre todo, puede enseñarte algo que resulta esencial para el bienestar psicológico: no siempre podemos elegir lo que sucede, pero sí podemos aprender nuevas formas de responder ante ello.

Si en este momento estás intentando aprender cómo gestionar la frustración, empieza por algo pequeño. La próxima vez que aparezca, detente unos segundos, identifica qué estás sintiendo y pregúntate qué parte de la situación depende realmente de ti. Ese pequeño cambio puede ser el comienzo de una forma diferente de afrontar las dificultades.

Da el primer paso hacia una mejor gestión emocional

Si la frustración está afectando a tus relaciones, tu trabajo, tus estudios, tu autoestima o tu bienestar diario, no tienes por qué entenderlo todo por tu cuenta. En El Viso Psicólogos trabajamos con adultos, adolescentes, parejas y otras dificultades psicológicas desde un enfoque individualizado, cercano y basado en la evidencia científica. En el gabinete ofrecemos atención presencial en Madrid y también terapia online. Si sientes que ha llegado el momento de entender mejor lo que te ocurre y desarrollar herramientas para afrontarlo, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo y valorar tu situación con un profesional. Cuidar tu bienestar emocional también significa aprender a relacionarte de otra manera con aquello que no siempre puedes controlar.   Puedes encontrarnos en Calle del Príncipe de Vergara, 209, Portal 3, Bajo 5, 28002 Madrid.
Teléfonos: 686 00 44 93
Correo: info@elvisopsicologos.com PIDE CITA

Víctor Miguel López Vigós, El Viso Psicólogos Madrid

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