Procrastinar es el acto de posponer o retrasar deliberadamente tareas importantes o responsabilidades, sustituyéndolas por actividades más placenteras o irrelevantes, a pesar de saber que hacerlo tendrá consecuencias negativas. No es solo pereza, sino un comportamiento complejo ligado a la dificultad para manejar emociones negativas como la ansiedad, el miedo al fracaso o el perfeccionismo, creando un ciclo de ineficacia y estrés.
Aunque a todos nos ha pasado alguna vez, la procrastinación puede convertirse en un hábito que afecta a nuestra productividad, autoestima y bienestar emocional. No se trata simplemente de falta de organización, sino de una lucha interna entre dos fuerzas: el deseo de cumplir con nuestras metas y la necesidad de evitar el malestar que implica hacerlo.
En El Viso Psicólogos (Madrid), ayudamos a las personas a comprender las causas psicológicas de la procrastinación y a desarrollar herramientas para recuperar la motivación, la disciplina y la serenidad mental necesarias para avanzar hacia sus objetivos.
Qué es realmente procrastinar
Existe una tendencia en todas las personas, en mayor o menor medida, a postergar tareas. Lo hacemos con obligaciones cotidianas, decisiones laborales o incluso temas personales importantes.
Este fenómeno tiene un nombre: procrastinación.
Procrastinar no es simplemente “vaguear”. En realidad, es un mecanismo de regulación emocional: posponemos una tarea no porque no entendamos su importancia, sino porque nos genera emociones desagradables (miedo, duda, aburrimiento o inseguridad).
Cuando aparece esa incomodidad, nuestra mente busca alivio inmediato a través de actividades más sencillas o placenteras: revisar redes sociales, limpiar el escritorio, hacer una llamada o incluso “investigar” sobre cómo empezar la tarea sin realmente hacerlo.
El resultado es un alivio momentáneo… seguido de culpa, ansiedad y presión acumulada.
Cómo actúa la procrastinación en el cerebro
La procrastinación se explica por el conflicto entre dos sistemas cerebrales: el racional y el emocional.
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El sistema racional (corteza prefrontal): planifica, organiza y evalúa consecuencias a largo plazo.
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El sistema emocional (sistema límbico): busca gratificación inmediata y evita el malestar.
Cuando debemos realizar una tarea que percibimos como difícil, aburrida o incierta, el sistema emocional se impone: preferimos la comodidad del presente a la satisfacción futura.
Por eso, procrastinar no es un fallo de carácter, sino una batalla entre razón y emoción.
A corto plazo, ganan la comodidad y el alivio; a largo plazo, perdemos motivación, productividad y bienestar.
Las emociones detrás de procrastinar
La procrastinación no se origina por falta de tiempo, sino por emociones mal gestionadas. Entre las más comunes encontramos:
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Miedo al fracaso: “¿y si no lo hago bien?”
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Perfeccionismo: “hasta que no esté perfecto, no lo empiezo.”
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Ansiedad anticipatoria: “me genera tanto estrés pensar en eso que lo dejo para luego.”
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Baja autoestima: “no soy capaz de hacerlo.”
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Falta de sentido o motivación: “¿para qué esforzarme si no importa tanto?”
Cada una de estas emociones tiene una función: protegernos del malestar. Pero cuando evitamos enfrentarlas, reforzamos el patrón de evasión, entrando en un círculo de procrastinación cada vez más difícil de romper.
El ciclo de la procrastinación
El proceso suele seguir una secuencia reconocible:
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Tarea pendiente. La mente anticipa esfuerzo o incomodidad.
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Malestar emocional. Surgen ansiedad, miedo o aburrimiento.
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Evasión. Se busca una actividad más placentera (“reviso el móvil un momento”).
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Alivio momentáneo. La ansiedad baja, lo que refuerza la conducta de posponer.
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Culpa y estrés. El tiempo pasa y el malestar se intensifica.
Este ciclo se mantiene por un principio básico del aprendizaje: aquello que alivia se repite.
Por eso, la clave para dejar de procrastinar no es solo “fuerza de voluntad”, sino aprender a tolerar la incomodidad inicial y modificar la relación emocional con las tareas.
Procrastinar no es pereza: es miedo
Uno de los errores más comunes es creer que la procrastinación se debe a la pereza o la falta de disciplina. En realidad, muchas personas procrastinan porque se exigen demasiado.
El perfeccionismo y la autocrítica generan tanta presión que la mente prefiere escapar antes que exponerse al posible fracaso.
Así, cuanto más miedo tenemos a no hacerlo bien, más lo postergamos.
En terapia, trabajamos precisamente este punto: reducir el miedo al error y cultivar una mentalidad más compasiva y flexible con uno mismo.
Estrategias efectivas para dejar de procrastinar
Superar la procrastinación no consiste en eliminarla por completo, sino en reconocerla, entenderla y actuar a pesar de ella.
A continuación, algunas herramientas prácticas que utilizamos en terapia psicológica:
1. Planifica con intención
Define tus objetivos por escrito y divídelos en tareas concretas. El cerebro interpreta mejor las metas claras que las vagas (“preparar la presentación” es más útil que “trabajar en el proyecto”).
2. Divide la tarea en partes pequeñas
El primer paso no debe ser enorme. Empieza por algo que puedas completar en 10 minutos. El progreso genera motivación, no al revés.
3. Identifica tus distractores
Móvil, redes, notificaciones, correos… Elimina de tu entorno lo que te roba atención. Trabaja en bloques de tiempo (técnica Pomodoro) y premia tus avances con descansos reales.
4. Gestiona tus emociones
Cuando sientas resistencia, pregúntate:
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“¿Qué estoy evitando sentir ahora?”
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“¿Qué pasaría si empiezo solo por cinco minutos?”
La mayoría de las veces, empezar es suficiente para reducir la ansiedad.
5. Cuida tus rutinas
Dormir poco, comer mal o no descansar empeora la procrastinación. Un cuerpo cansado refuerza el impulso de posponer.
6. Sé amable contigo
No uses la culpa como motivación. La autocrítica paraliza; la comprensión impulsa. Si te das permiso para fallar, te resultará más fácil empezar.
El papel de la terapia psicológica
La terapia ayuda a comprender las raíces emocionales y cognitivas de la procrastinación. A través de un proceso guiado, el psicólogo te ayuda a:
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Identificar tus pensamientos automáticos (“no tengo energía”, “mañana estaré más motivado”).
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Entender qué emociones intentas evitar.
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Sustituir la autocrítica por autocompasión.
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Diseñar un plan de acción ajustado a tu realidad.
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Aprender estrategias de organización sostenibles.
En El Viso Psicólogos, combinamos técnicas de terapia cognitivo-conductual, aceptación y compromiso (ACT) y mindfulness, ayudando a las personas a tomar conciencia del momento presente y actuar con coherencia con sus valores, no con sus impulsos.
La neurociencia de la procrastinación
Estudios recientes muestran que la procrastinación está relacionada con una menor comunicación entre la corteza prefrontal (planificación) y la amígdala (gestión emocional).
Cuando esta conexión es débil, las emociones negativas dominan la decisión.
El entrenamiento en autorregulación emocional y atención plena fortalece esa conexión, aumentando la capacidad de actuar incluso cuando la motivación es baja.
En otras palabras, no se trata de “esperar a tener ganas”, sino de entrenar el músculo de la acción consciente.
Procrastinación y autoestima
Procrastinar afecta directamente la autoestima. Cada vez que evitamos una tarea, enviamos a nuestro cerebro el mensaje “no puedo con esto”.
A la larga, esa repetición crea una identidad de ineficacia: “soy desorganizado”, “no sirvo para esto”, “nunca termino nada”.
Romper este ciclo requiere un cambio en la narrativa interna:
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De “no puedo” a “aún no he aprendido cómo hacerlo”.
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De “soy un desastre” a “estoy practicando nuevas formas de actuar.”
La autoestima se construye a base de pequeñas victorias, no de grandes exigencias.
Preguntas frecuentes sobre terapia y procrastinación
¿La terapia psicológica es confidencial?
Sí. Todo lo que se trabaja en consulta está protegido por el secreto profesional y la normativa de protección de datos.
¿Puedo hacer terapia online y es igual de eficaz que la presencial?
Sí. Es eficaz para trabajar la procrastinación, la ansiedad o la gestión del tiempo, siempre que la dirija un profesional cualificado.
¿Necesito tener un problema grave para ir al psicólogo?
No. La terapia es una herramienta preventiva para mejorar hábitos, emociones y bienestar general.
¿Cómo sé si el psicólogo es el adecuado para mí?
Confía en tu intuición: si te sientes comprendido, escuchado y acompañado, estás en el lugar correcto.
¿Qué diferencia hay entre psicólogo y psiquiatra?
El psicólogo trabaja mediante terapia; el psiquiatra puede recetar medicación. Ambos colaboran frecuentemente.
Empieza aunque no tengas ganas
Procrastinar no te hace perezoso, sino humano. Es una forma de protegerte del malestar, pero también una oportunidad para aprender a gestionarlo.
La clave no está en eliminar la resistencia, sino en actuar a pesar de ella.
Empieza pequeño, elimina distracciones, celebra tus avances y recuerda: la acción genera motivación, no al revés.



